Running en tiempo de transición

    Hoy empecé de nuevo a correr, correr en el buen sentido… hacer running. ¿Lo habéis probado? El año pasado estuve leyendo un libro “Curación Emocional”, del renombrado psiquiatra estadounidense D. Servan-Schreiber. En él explica los beneficios que la práctica de 20 minutos diarios de running reporta en sus pacientes. Claro que, como buena farmacéutica ya sabía de ello, pero me decidí a probarlo en “mis propias carnes” y en primavera lo hice. Ahora lo he retomado, sentía ya la necesidad.

    Comienza también a cambiar el tiempo, por las noches refresca y por las mañanas apetece levantarse temprano para respirar fresco. Noto que ya se acaba el verano y empieza esta estación sin nombre en el calendario, mi preferida, que va desde finales de agosto hasta principios de octubre, con los higos, las granadas,… ¡Riquísimos! y teñidos del rojo fuego del verano que acaba.

    Mi cuerpo va relajándose del “no parar” del verano, busca una actividad más tranquila y necesita reencontrarse, consigo mismo y con las rutinas, que ayudan a organizar y descansar. También tengo ganas de empezar con las actividades del “curso”. Recuerdo mis tiempos de estudiante, el entusiasmo con que preparaba mi material para la escuela, los libros nuevos, la cartera,… hasta el uniforme. Estas semanas siento la misma emoción del nuevo curso, preparando charlas, pensando en los grupos de mujeres, las fechas de los talleres,… tiempo de transición entre dos estaciones.

    El cuerpo me pide descansar y reflexionar, aprovechar esa recarga de baterías veraniega para insuflar la primera bocanada de vida a lo que quiero crear y compartir este invierno.

    Así que hoy, el running, ha inaugurado oficialmente mi estación preferida, la antesala del otoño. ¡Bienvenido, cambio de ciclo!

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